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¿Has oído hablar alguna vez de la historia de Víctor de Aveyron?

Más conocido como «el niño salvaje», Víctor de Aveyron fue encontrado a los diez años entre los bosques franceses de Caune en 1799. Apareció desnudo, desnutrido y sin la capacidad ni el conocimiento de habla.

171 años más tarde, surgió el caso de Genie, otra niña salvaje que pasó encerrada en una habitación hasta los 13 años. Cuando fue encontrada, se llegó a pensar que tenía autismo, ya que no solo no sabía caminar correctamente, sino que no era capaz de hablar y le costó años aprender a articular palabras con las que poder defenderse; la gramática fue incapaz de adquirirla.

Existen varias teorías acerca de la adquisición del lenguaje. Noam Chomsky, nombre importante a tener en cuenta en el mundo de la lingüística, sostiene que las personas nacemos con unas capacidades lingüísticas innatas que se desarrollan según el entorno en el que crezcamos.

Ahora te preguntarás, «¿qué tiene que ver todo esto con el aprendizaje de idiomas?» 

El ser humano es social por naturaleza, necesita del contacto con otros para desarrollarse y crecer (y para adquirir el lenguaje). Y el desarrollo cognitivo es uno de los aspectos más importantes en el camino del aprendizaje.

Si tenemos en cuenta que el cerebro es un músculo y crece según lo estimulas, el aprendizaje de idiomas es una de las formas más efectivas de ejercitarlo.

Piensa en algún momento de tu vida en el que hayas tenido que comunicarte en otro idioma, aunque haya sido simplemente para indicar donde se encuentra una calle. ¿Qué has experimentado? 

Probablemente hayas tenido que hacer un esfuerzo extra, pensar en el lugar específico y en cómo indicar su camino en ese otro idioma. Quizás cuando ya has acabado y has transmitido la información con éxito hayas sentido una gran satisfacción o por el contrario, si no has podido indicar lo que querías, te hayas quedado dándole vueltas a cómo deberías haberlo expresado.

El simple ejercicio empleado en este procedimiento genera unas conexiones neuronales que ponen a prueba el funcionamiento de nuestro cerebro y lo ejercitan. Es como si nuestra mente estuviera haciendo deporte para ponerse en forma. Existen estudios científicos que indican que la adquisición de nuevos lenguajes reduce las posibilidades de sufrir Alzheimer. 

Esto se debe a que la adquisición de un nuevo idioma fomenta el aprendizaje de dos tipos de memoria: la «memoria declarativa» y la «memoria procedimental», siendo la primera la encargada de los recuerdos que nuestro cerebro materializa (una canción o la lista de la compra) y la segunda la que tiene que ver con acciones mecánicas del día a día (montar en bici, conducir, escribir…).

Además, aprender idiomas y la proactividad empleada para adquirir ese lenguaje interactuando con otras personas nos hace más abiertos, tolerantes y mejora nuestras habilidades sociales.

¡Anímate a experimentar de primera mano lo que pasa por tu cerebro cuando aprendes idiomas!

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